EQUIVÓCATE SIN MIEDO – Florencia Uribe
 
Vivimos en una sociedad que penaliza y a veces condena las equivocaciones, desde la infancia aprendemos que equivocarse está mal, que hay que lograr la perfección a la primera, que es de tontos equivocarse, etc. A veces se dice una cosa y se hace otra, se dice que no hay problema que te equivoques, que es normal, que a todos nos pasa, pero cuando el error aparece viene la sustitución en los empleos, las relaciones se deterioran, las cosas cambian, porque el error es sumamente penalizado.
 
Pues bien, la neurociencia hoy en día dice: el cerebro crea nuevos circuitos neuronales o perfecciona los que ya tiene a través del error.
 
Cuando estás haciendo algo bien, para el cerebro no hay aprendizaje, no hay demanda para que se cree un nuevo circuito neuronal, cuando nos equivocamos, estamos forzando al cerebro a mejorarse, a crear nuevas formas de hacer las cosas, desde relacionarnos hasta la tarea más compleja intelectual o corporal.
 
Es el error el que perfecciona el paso de baile, el regate de los delanteros en el fútbol, la sintonía perfecta de los instrumentos en una orquesta, es el re escribir una y otra vez la página lo que lleva a la perfección. De ahí la importancia de los ensayos, los entrenamientos, las prácticas.
 
Con cada equivocación el cerebro entiende que no es por ahí, pero además, es la forma que tenemos de ir mas allá de lo que sabemos y podemos hacer, si solo hacemos lo que sabemos hacer bien , si no tomamos el riesgo de equivocarnos, estamos destinados a quedarnos en lo obsoleto, en lo antiguo, es necesario aprender cosas nuevas, conocer nuevas gentes, adquirir habilidades, aunque nos equivoquemos.
 
El aprendizaje lleva esa pequeña molestia, incomodidad de no entender nada, de sentir que se complica todo, que no sabes cómo seguir, no te asustes, sigue adelante, es tu cerebro dándose cuenta que debe crear nuevas rutas para resolver lo que tiene delate.
Lo que podemos hacer diferente es la respuesta a cuando inevitablemente suceda el error, te dirás estoy aprendiendo como no se hace, en lugar de darte con el látigo del castigo, siéntete bien, porque ya has dado el primer paso para aprender algo, para construir algo, para evolucionar.
 
Si te castigas, si te reprochas demasiado el haberte equivocado, tu cerebro registrará esa actividad como dolorosa o peligrosa y será complicado que vuelvas a intentarlo. Aléjate de las personas que solo critican tus errores y rodéate de personas que entienden como tú que nada está terminado, que queda mucho por hacer y que equivocarse es el principio de algo nuevo.